Panamá 2015: El Ecosistema de Emprendimiento Que No Sabía Que Existía
Llegué a Panamá con TALS en la cabeza y sin saber qué era un ecosistema emprendedor. Founder Institute, ExpoBiz y los premios Stephan Schmidheiny me enseñaron lo que ninguna universidad enseña.
Nota del autor (junio 2026): Esto lo escribí en mis notas en junio de 2015, poco después de la presentación de TALS en ExpoBiz Panamá. Fue uno de los primeros momentos en que entendí que TALS podía ser algo más que un proyecto personal.
Panamá 2015: El Ecosistema de Emprendimiento Que No Sabía Que Existía
Por qué Panamá
A finales de 2013, terminando la carrera de Ingeniería Informática, una cadena de contactos me llevó a una oportunidad de trabajo en Panamá. No era un trabajo en mi área — era promotion y almacén. Pero era la posibilidad de salir de Venezuela en un momento en que quedarse era cada vez más difícil, y de conocer nuevas realidades que sabía que me enseñarían cosas que ningún libro podría.
Emigrar no es como las asignaturas de la universidad. Es un conjunto de experiencias — muchas buenas, otras no tanto — donde las que más duelen son también las que más te forman.
En Panamá trabajé como promotor de marketing, luego como operador de equipos de corte con láser en el área de publicidad y diseño. Con el tiempo me dieron la oportunidad de diseñar directamente: adaptar material gráfico para campañas de empresas grandes y medianas. Fue mi primer contacto real con el diseño gráfico aplicado a negocios — una habilidad que años después usaría en el branding de TALS y VeanX.
El primer contacto con un ecosistema emprendedor
En Venezuela yo sabía que existían concursos de emprendimiento — había postulado a la Fundación Ideas sin pasar la preselección. Pero no tenía la menor idea de lo que era un ecosistema emprendedor en sentido amplio: incubadoras, aceleradoras, programas de mentores, ángeles inversores, eventos de pitch.
En Panamá me recomendaron aplicar a Founder Institute — el programa de pre-aceleración más grande del mundo, presente en decenas de ciudades. Postulé con TALS, que en ese momento seguía siendo un proyecto en etapa muy temprana sin prototipo funcional.
El proceso de postulación ya fue en sí mismo formativo: tuve que articular el problema, la solución y el mercado en un formato que obligaba a ser claro y conciso. Es la primera vez que describí TALS para alguien que no me conocía, en un formulario que podría ser leído por inversores.
La presentación en ExpoBiz Panamá 2015
ExpoBiz fue mi primer evento de emprendimiento real: feria de startups, innovación y negocios en el Centro de Convenciones Atlapa, Ciudad de Panamá.
Presentar TALS en un evento de esa escala fue una experiencia completamente nueva. Para alguien que había construido la idea en solitario en Venezuela y que nunca había hablado del proyecto frente a una audiencia desconocida, fue el equivalente a saltar al agua fría.
El recibimiento fue bueno. Hice amigos. Conocí a personas que me animaron a seguir adelante con el proyecto a pesar de lo complejo que era presentar algo de foco social-tecnológico en un ecosistema donde la mayoría de los proyectos tenían modelos de negocio más directos.
Lo más valioso no fue el reconocimiento — fue entender que la idea podía interesar a personas que no tenían ningún vínculo emocional conmigo. Cuando un extraño se detiene ante tu stand, escucha, hace preguntas inteligentes y luego te dice "esto importa" — algo cambia en la forma en que te relacionas con tu propio proyecto.
Los premios Stephan Schmidheiny: segunda fase
Los Premios Stephan Schmidheiny son una distinción con respaldo suizo que apoya proyectos de impacto social y ambiental en Latinoamérica. Alcanzar la segunda fase de selección con TALS fue un reconocimiento significativo.
Lo más importante de ese proceso no fue llegar a segunda fase — fue entender que existían premios y fondos específicamente orientados a proyectos con impacto social. En Venezuela no había tenido acceso a esa información. En Panamá empecé a ver el panorama completo: el ecosistema global de financiamiento de impacto social tenía organismos, criterios y oportunidades que yo desconocía completamente.
Eso amplió mi visión de lo que TALS podía ser. No solo un proyecto técnico para resolver un problema local — potencialmente un proyecto de impacto social alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que podía interesar a fondos internacionales.
La pre-selección de Founder Institute: el costo de quedarse a medias
Alcanzar la pre-selección de Founder Institute en Panamá fue, en ese momento, el reconocimiento más concreto que TALS había recibido. De decenas de postulantes, pasé los filtros de evaluación hasta ser seleccionado para la etapa de incubación.
Pero mi situación migratoria no era estable. Estaba en Panamá con visa de turista, sin permiso de trabajo formal. Quedarme para seguir el programa de incubación no era viable legalmente.
Me fui de Panamá con los pasajes de regreso comprados — primero a Venezuela para visitar a mi familia, y luego a Chile, donde planeaba continuar el proyecto con más estructura y más experiencia que la primera vez que salí de Venezuela.
Antes de salir, llegó la notificación: había sido seleccionado formalmente para el programa de incubación de Founder Institute en Panamá.
Tuve que declinar.
Lo que se pierde y lo que se gana
La declinación del Founder Institute fue uno de esos momentos donde la limitación concreta de la situación migratoria choca directamente con la oportunidad. En ese momento se sintió como una pérdida importante.
Con el tiempo entendí que era simplemente el calendario siendo el calendario: la oportunidad llegó cuando las condiciones no eran las correctas. La misma oportunidad, o una equivalente, llegaría cuando las condiciones lo permitieran. Y llegó — en Chile, dos años después.
Lo que Panamá sí me dejó permanentemente:
El vocabulario del ecosistema. Aprendí qué es una pre-aceleración, qué busca un programa como FI, cómo se evalúa una startup en etapa temprana. Ese vocabulario es el primer paso para poder navegar el ecosistema emprendedor.
La experiencia de pitch en público. Preparar un pitch de 90 segundos para ExpoBiz — explicar algo que casi nadie conoce (la brecha de comunicación de la comunidad sorda) a una audiencia que nunca ha pensado en eso — es un entrenamiento que no tiene sustituto. Aprendí que la claridad del problema es más importante que la sofisticación de la solución.
La red latinoamericana. Contactos que mantuve durante años, emprendedores de diferentes países con quienes compartí la experiencia de construir algo desde muy poco. Esas conexiones, aunque dispersas geográficamente, son parte de la red real que se construye a lo largo de una trayectoria.
Lo que Panamá cambió en TALS
Antes de Panamá, TALS era una idea que yo conocía muy bien y que el mundo exterior no había visto.
Después de Panamá, TALS era una idea que había sobrevivido a la exposición pública, que había interesado a jueces externos, y que yo había tenido que explicar múltiples veces a personas que no sabían nada de lengua de señas ni de visión por computadora.
Esa exposición cambió cómo entendí el proyecto. Dejó de ser "lo que yo quiero construir" para empezar a ser "lo que el mercado necesita y yo puedo construir". La diferencia es sutil pero fundamental para construir algo que tenga tracción real.
Dos años después, en Chile, esa diferencia se tradujo en victorias concretas.